Sentirnos iguales.

Llega una vez más la fiesta principal de Irun, los San Marciales. Una fiesta que en su día central, el 30 de junio, el alma de la ciudad se divide con dos alardes, el tradicional y el mixto.
Hoy es posible celebrar la fiesta con más normalidad que estos años atrás en que el conflicto se mostraba con toda crudeza. Atrás queda un alto nivel de coacciones, insultos, escupitajos, amenazas y agresiones. Por fortuna la tensión y los enfrentamientos que atravesaron familias, cuadrillas, compañeros, etc. hoy es menor y eso es bueno porque permite disfrutar de la fiesta en mejores condiciones, haciendo posible que cada cual se manifieste con más libertad.
Esto no significa que el problema este resuelto, sigue latente, oculto, la fiesta esta rota y el problema aplazado, pero sí permite que pueda celebrarse un alarde normal, haciendo posible que cada persona participe si lo desea como considere más adecuado.
No soy el más adecuado, ni es el momento ni lugar, para explicar e intrepretar todo lo acontecido en años atrás, pero estoy convencido que si el ayuntamiento hubiese tenido otra actuación las cosas hubiesen sido muy distintas. Me viene a la memoria que hace tan sólo un año el ayuntamiento de Yecla (Murcia), acordaba por unanimidad tomar medidas para hacer posible la participación de la mujer como arcabucera en la fiesta del pueblo, a pesar de que el 75% de los arcabuceros se mostraban contrarios. Creo que la posición de las instituciones en los momentos iniciales son decisivos y determinantes.
En todo caso, como todos los años, me buscaré una escopeta y ese día me encontraré con amigo/as, compañero/as, conocido/as para vivir un día festivo y entrañable, con alegría y satisfacción, algo que para mi es imposible si no me siento, y sienten los que me rodean, como iguales.

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