Lecciones de moral.

A estas alturas del siglo XXI, y sobre la interrupción voluntaria del embarazo (IVE), lo que molesta e indigna son los intentos de imponer a los demás la moral propia, estableciendo por ley prohibiciones y penalizaciones, como si la mujer tuviese una incapacidad innata para decidir por si misma con responsabilidad.
Ninguna mujer aborta por deporte, gusto, diversión o maldad, siempre es una decisión nada fácil y dolorosa, en la que es legitimo ayudar pero no imponer.
El IVE es una práctica habitual, en todas las sociedades y en todos los momentos de la historia, independientemente de que las leyes lo permitan o prohiban, por eso el verdadero debate no es si el aborto debe permitirse o no, sino las condiciones en que debe practicarse.
La penalización no disminuye su práctica, tan sólo la oculta, y sobre todo dificulta, incrementando la mortandad por maternidad, y las complicaciones: infecciones, secuelas, etc.; por eso, el objetivo de la reforma emprendida en el Congreso debe ser regular que se realice en las mejores condiciones sanitarias repestando la libertad de la mujer.
No es razonable que el 98% de las interrupciones en España se hagan en clínicas privadas. Que según donde se resida, en que Comunidad Autonoma, se pueda practicar cerca del domicilio (Andalucia, Madrid, Barcelona...) o tenga que desplazarse (Navarra, Extremadura...). Que amparandose algunos en la objeción de conciencia no regulada nieguen desde un servicio público un derecho a pacientes. Que se tenga que depender de los padres para una decisión que afecta al propio proyecto de vida y no el de ellos. Que en los estudios de medicina y enfermeria no se capacite ni se realicen acciones formativas relacionadas con el IVE.
Nadie puede dar lecciones de moral, y menos aquellos que rechazan las relaciones sexuales aunque se violen niños, el uso de preservativos aunque aumenten las infecciones por SIDA, y la IVE aunque incremente la mortandad maternal.

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Ha sido muy comentado el hecho de que Patxi López prometiera el cargo bajo el árbol de Gernika eliminando toda referencia a Dios. Incluso hay quien afirma que