Las presas de Franco.
El día 15 de febrero, viernes, tal y como estaba previsto se proyectó en Irun el Documental "Del Olvido a la Memoria: Presas de Franco", de Jorge Montes, que fue seguido por alrededor de cien personas.
El infierno que vivieron las mujeres en los campos de concentración nazis, también existió en España, o mejor dicho, el nazismo también estuvo aquí. De los alrededor de 300.000 presos que se calculan habían en el año 40, más de 20.000 eran mujeres.
El trato que recibieron por las cerca de quince congregaciones de monjas que regentaban las carceles, después del periodo republicano en que fueron apartadas tras el paso de Victoria Kent por la dirección de Instituciones Penitenciarias, fue brutal y denigrante. Además de fusilamientos, como los de las Trece Rosas de la cárcel de Ventas de Madrid, estaban el hambre, tifus, diarreas, sarna, disenteria, palizas, piojos, y vejaciones de todo tipo que formaban parte de una política penitenciaria dirijida a exterminar, anular, derrotar y deshumanizar a la mujer republicana. El rapado y la prohibición de hacerse trenzas o ponerse pendientes estaba especialmente dirigido a anular la autoestima.
Mientras las presas morian de hambre o enfermedades como consecuencia de la alimentación deficiente, las Hijas de la Caridad, que regentaban entre otras la cárcel de Saturraran, y recibían paquetes de comida como ayudas para las presas, los utilizaban para hacer acopio y extraperlo. Lo que no impide que hayan recibido el 25º Premio Principe de Asturias de la Concordia en el año 2.005. Todo un reconocimiento amnésico.
El trato con los hijos fue espeluznante. Bajo las dirección del Jefe de los Servicios Spiquiatricos Militares, el coronel Antonio Vallejo Nájera, quién consideraba el marxismo una enfermedad mental contagiosa, se tomó la decisión de separar los hijos de las presas y someterlos a un proceso de mentalización, así iban a parar a colegios religiosos y hospicios, donde se les educaba en la religiosidad y la verguenza de su procedencia. Medidas que fueron acompañadas por el Servicio Exterior de Repatriación creado por Falange y el decreto de Franco de diciembre de 1.941 que permitía cambiar los apellidos de los niños.
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